Mycoplasma hyopneumoniae: Puntos críticos de la epidemiologÍa y el diagnóstico

| 5 Octubre, 2013 | 0 Comentarios

Las enfermedades respiratorias son, hoy en día, una de las mayores preocupaciones de los productores del sector porcino a nivel mundial. Mycoplasma hyopneumoniae (Mhyo) es un patógeno respiratorio primario que además juega un papel importante como desencadenante y/o potenciador de problemas respiratorios de gran relevancia económica (Strait el as., 2012).

Mhyo es una bacteria que carece de pared celular (como todos los Mycoplasma), tiene un genoma muy pequeño y con unos requerimientos nutricionales muy especial. Mhyo se adhiere a las células ciliadas del tracto respiratorio del cerdo y mediante una alteración de la barrera mucosal y del sistema inmunitario del cerdo favorece la entrada a las vías respiratorias de otros patógenos (Pasteurellla multocida, Streptococcus suis, Haemophilus parasuis, y/o Actinobacillus pleuropneumonie). Esta co-infección puede conllevar a la aparición de la Neumonía Enzoótica (NE), enfermedad respiratoria crónica que afecta a cerdos de engorde. Cuando a este escenario se le añade la presencia de virus tales como el circovirus porcino tipo (PCV2), el virus del Síndrome Reproductivo y Respiratorio Porcino (PRRSv) o el virus de la Influenza porcina (SIV) aparece el complejo respiratorio porcino (CRP) (Thacker et al., 2012).

Aunque la infección por Mhyo está distribuida de forma ubicua en la cabaña porcina mundial, esta infección no siempre culmina con la aparición de la enfermedad. De hecho, muchos de los animales infectados por Mhyo lo están de forma subclínica. Para poder discernir cuando esta infección tiene relevancia y por tanto cuando se deben tomar precauciones o establecer pautas de control, es crucial realizar un buen diagnóstico. Para llegar a este diagnóstico es básico conocer las peculiaridades de la infección por Mhyo.

La dinámica de infección por Mhyo es muy variable y depende de varios factores tales como el sistema de producción, la presión de infección, las condiciones de manejo y la época del año (Segalés et al., 2012). Además esta dinámica de infección puede variar entre granjas e incluso entre lotes de una misma granja. En general, el porcentaje de animales infectados en animales jóvenes es bajo y va aumentando con la edad. La infección en animales jóvenes viene dada por el contacto directo con cerdas infectadas, siendo las cerdas jóvenes las principales excretoras (Calsamiglia et al., 2000). Aunque la prevalencia de infección en animales jóvenes es baja (<10%), se supone que estos animales colonizados tempranamente pueden actuar como iniciadores de la transmisión en animales mayores. Estudios publicados recientemente han encontrado varios factores de riesgo a nivel individual y de granja (relacionados básicamente con pautas de manejo) que parecen aumentar la probabilidad de tener animales positivos a edades tan tempranas (Nathues et al., 2013a,b). Así pues, conociendo estos puntos críticos podremos reducir las probabilidades de transmisión de este patógeno.

La transmisión de Mhyo se da básicamente por contacto directo (nariz-nariz) entre madre-lechón o entre cerdos de un mismo corral. Por un lado, se ha descrito que un lechón infectado (no vacunado), transmitirá la infección a aprox otros tres compañeros de corral (Meyns et al., 2003). Por otro lado, se sabe que un animal puede estar infectado subclínicamente (a nivel de bronquios) hasta 8 meses (248 días) post infección (Pieters et al., 2010). Así pues, Mhyo se transmite de forma lenta pero muy duradera.

Aunque Mhyo se transmite mayoritariamente por contacto de directo, se ha demostrado experimentalmente que también se puede transmitir también de forma aerógena hasta 9,5km de distancia (Otake et al., 2010).Es difícil extrapolar los resultados derivados de inoculaciones experimentales (donde los animales se han infectado adrede con grandes cantidades de bacteria) a la situación real de las granjas, sin embargo, esta ruta de transmisión se debería tener en cuenta sobre todo en zonas de alta densidad porcina.

El diagnóstico de la Mycoplasmosis o de la NE se basa en tres parámetros: observación de los signos clínicos compatibles, presencia de lesiones pulmonares compatibles y la detección de Mhyo en dichas lesiones.

La enfermedad debida solo Mhyo (Mycoplasmosis) no es muy frecuente y suele ocurrir cuando la bacteria entra en una granja libre. En esta ocasión, la enfermedad cursa con una tos, pirexia, dificultad respiratoria y en alguna ocasión muerte. La enfermedad se disemina de forma muy rápida y puede afectar animales de todas las edades. Sin embargo, en aquellos casos en que el patógeno se introduce en una granja con animales inmunes, la enfermedad evoluciona de forma lenta, cursando con una tos crónica no productiva que se observa al movimiento de los animales. Cuando además de Mhyo hay otros patógenos (víricos y/o bacterianos) respiratorios circulando en la granja, los síntomas clínicos pueden incluir fiebre, reducción del apetito, respiración forzada e incluso muerte (Thacker et al., 2012).

La aparición de estas toses en la fase de engorde es la base del diagnóstico presuntivo de una infección por Mhyo. Pero, la presencia de animales con clínica respiratoria no nos perme definir el agente etiológica de estas toses ya que pueden deberse a la infección por otros patógenos (p.e SIV).

Macroscópicamente las lesiones pulmonares observadas en los casos NE se caracterizan por la consolidación pulmonar bilateral de los lóbulos craneales y medios (figura 1). Estos lóbulos consolidados presentaran una coloración roja-marrón oscuro y compacta al tacto, hundiéndose en el formol. Cuando hay bacterias complicando el cuadro clínico, la extensión y gravedad de las lesiones se verá aumentada y se puede observar la presencia de un exudado mucopurulento (Segalés et al., 2013).

Pulmón con moderada consolidación pulmonar cráneo-ventral

Figura 1: Pulmón con moderada consolidación pulmonar cráneo-ventral en los lóbulos apicales y medios.

A nivel microscópico Mhyo produce inicialmente una neumonía bronquiolo-intersticial. Esta lesión se caracteriza por la hiperplasia del tejido linfoide asociada a bronquios y bronquiolos formando, en los casos más graves, unos folículos linfoides muy característicos (figura 2). En el caso de la presencia de otras bacterias (NE), observaremos además una bronconeumonía catarral purulenta. Cabe destacar que estas lesiones pulmonares (tanto macroscópicas como microscópicas) no son patognomónicas de la infección por Mhyo ya que existen otros patógenos (p.e. SIV) que la pueden producir.

Así pues, la observación tanto de las lesiones macroscópicas como microscópicas no es prueba suficiente de que Mhyo sea el agente causal de la sintomatología observada en la granja (Sibila et al., 2009). Para confirmar que Mhyo es el agente causal de tales lesiones, deberíamos detectar el patógeno o su ácido desoxirribonucleico (ADN) en dichas lesiones. Esta comprobación se puede realizar mediante diferentes técnicas como por ejemplo: cultivo, inmunohistquímica [IHQ], imunofluorescencia [IF]) hibridación in situ [HIS] o la reacción en cadena de la polimerasa [PCR]).

El cultivo es considerado la técnica “gold estándar” para detectar Mhyo. Sin embargo, el aislamiento de Mhyo es muy complicado (debido a los requerimientos nutricionales que necesita para crecer) y lento (puede tardar en crecer de 4 a 6 semanas). Por otra parte, hay la posibilidad de que otros Mycoplasmas (M. hyorhinis) contaminen el cultivo e impidan el crecimiento de Mhyo. Por todas estas razones, el cultivo de Mhyo hoy en día no se suele utilizar de forma rutinaria y solo se realiza cuando hay un interés en tipificar o guardar la cepa y/o calcular la concentración mínima inhibitoria.

La IHQ, IF y HIS son técnicas que permiten la detección y localización del antígeno (IHQ, IF) o el ADN (HIS) de un patógeno en una porción de tejido fijada en formol. Esta información tiene un gran interés diagnóstico porque es la forma más directa de asociar un patógeno con las lesiones observadas. Sin embargo, esta técnicas no se utilizan de forma rutinaria para el diagnóstico de Mhyo básicamente por su baja sensibilidad y porqué son técnicas largas y laboriosas de realizar.

La PCR, es una herramienta diagnóstica rápida, específica y muy sensible que nos proporciona información sobre la presencia o ausencia del ADN de un patógeno en una muestra determinada. Además, otra característica muy interesante de esta técnica es que se puede realizar a partir de una gran variedad de muestras, como por ejemplo: hisopo nasal, sonda traqueo-bronquial, lavado-traqueobronquial, hisopo pulmonar o tejido pulmonar. Así pues, la detección de Mhyo por PCR en un pulmón con lesiones compatibles, es una prueba concluyente de que Mhyo juega un papel importante en la patología observada. Sin embargo, y en el caso de Mhyo, es muy importante saber interpretar la información que nos da esta metodología. Para ello debemos tener en cuenta tres aspectos importantes de la epidemiología de esta enfermedad:

  1. La infección por Mhyo está ampliamente distribuida en la cabaña porcina mundial.
  2. Esta infección no siempre conlleva enfermedad.
  3. Este patógeno solo produce daño en el pulmón.
corte de pulmón con neumonía bronquiolo-intersticial

Figura 2: corte de pulmón con neumonía bronquiolo-intersticial con formación de folículos peribronquiales.

Así pues, la mera detección de Mhyo en una muestra del tracto respiratorio superior (hisopo nasal) no es indicativo que Mhyo este causando los problemas observados en granja. Esta estrategia diagnóstica se debe utilizar a nivel poblacional y no a nivel individual. Así pues, la detección de Mhyo por PCR en muestras del tracto respiratorio superior (hisopos nasales) o inferior (lavado traqueo-bronquiales) en un grupo de animales con signos clínica compatible también será indicativa de que este patógeno está involucrado en los problemas respiratorios observados en la granja (Sibila et al., 2009).

Otro enfoque diagnóstico es la detección de la respuesta inmune frente la infección. Para ello, utilizaremos la serología. En el caso de Mhyo, la ELISA es la técnica serológicas más utilizada. Esta metodología proporciona información sobre la duración de la inmunidad maternal y sobre el momento de la seroconversión. No obstante, hasta el momento, no se pueden diferenciar los anticuerpos debidos a la infección de los producidos a raíz de la vacunación. Además, debemos de tener en cuenta que Mhyo tiene la habilidad de modular el sistema inmune del cerdo y por tanto el tiempo transcurrido entre la infección y la seroconversión es muy variable. El momento de la seroconversión depende de de muchos factores tales como la presión de infección, el sistema de producción y de la cepa, … Así pues, la extrapolación del momento de la infección a partir del momento de la seroconversión puede llevar a conclusiones y/o decisiones erróneas.

Uno de los puntos claves del diagnóstico de la infección por Mhyo y con implicaciones epidemiológicas claras, es confirmar la negatividad de una animal o granja en programas de erradicación. Para ello es necesario tener en mente, la duración de la infección, la patogénesis de la enfermedad y el tiempo necesario para la seroconversión. Así pues, para confirmar la negatividad de un animal deberíamos testar por PCR muestras del tracto respiratorio inferior (pulmón, lavado-traqueobronquial,..). Por lo contrario, para confirmar la negatividad de una granja deberíamos realizar frecuentemente inspecciones en matadero junto con análisis serológico. Esta última combinación nos garantizará la negatividad solo si los resultados se mantienen negativos tras varios análisis.

En los últimos años, se ha abierto el debate sobre la existencia de cepas de Mhyo con distinta virulencia. Aunque se ha demostrado la existencia de cepas de Mhyo con distinta virulencia (Vicca et al., 2003), la importancia de este hecho a nivel de campo es poco conocida. Se sabe que en una granja pueden haber más de una cepa distinta de Mhyo, pero el brote clínico es mayoritariamente producido por una sola cepa (Mayor et al., 2007). Hoy en día existen distintas técnicas de biología molecular (secuenciación, patrones de restricción,…) que permiten detectar y caracterizar las distintas cepas. No obstante, estas técnicas de momento solo se utilizan en estudios de epidemiología molecular.

Teniendo en cuenta la epidemiologia de la infección por Mhyo juntamente con la características intrínsecas de todas las herramientas diagnósticas mencionadas anteriormente, es evidente que el diagnóstico de Mhyo no es sencillo y que se debe basar en la combinación varias de estas metodológias. Un diagnóstico apropiado nos permitirá saber si Mhyo es el agente causal de los problemas que observamos en la granja y en consecuencia podremos tomar decisiones para controlar la situación.

Leer referencias bibliográficas y artículo completo.

 

Autor del artículo:
Marina Sibila
Centre de Recerca en Sanitat Animal (CReSA), UAB-IRTA.

 

Sobre el Autor:

Avances
×

Comentarios

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies